No es lo mismo la valentía que la temeridad, el valiente es aquel que es capaz de acometer un acto riesgoso a pesar del peligro y el temor que suscita, y consciente de dicho riesgo se prepara para afrontarlo. El temerario, es aquel que afronta el peligro de manera imprudente, sin reflexionar, de manera insensata y atrevida.
La punta se ha vuelto un acto temerario y estúpido (RAE: estúpido: Necio, falto de inteligencia.), pues va en contra de la lógica ancestral de la VERDADERA equitación charra y del sentido común.
Una de las lecciones más importantes que los padres charros enseñan a sus hijos en sus primeros años, es saber guiar al caballo por terrenos seguros, saber reconocer las superficies por donde pisa el caballo para afrontar los riesgos y evitarlos accidentes. Ejemplos: bajar y/o subir barrancas; pisar zonas resbalosas en el monte; elegir el sendero en cauces secos del rio que siguen resbalosos; pasar por zonas rocosas; andar sobre pavimento; topes y pasos peatonales pintados con pintura que puede ser resbalosa; evitar hoyos; pasar por alcantarillas; cruzar ríos; etc. Pues cualquier charro, sabe que la charrería no es solo para dentro del lienzo, sino para cualquier situación, lugar y circunstancia. El piso para un lienzo charro debe de ser el ideal para que el charro pueda concentrarse en sus faenas, sin preocuparse de si hay hoyos; zonas débiles; zonas irregulares; y OBVIAMENTE sin zonas resbalosas.
De manera ilógica, absurda, y llena de ignorancia, el “charro”, de ahora ha olvidado todos los perceptos de equitación charra y ha vuelto el cuadro de cala una zona de alto riesgo. Esto sin olvidar que transformó un movimiento de equitación en un estúpido acto de circo sin sentido ecuestre.